EN 1993 FELLINI RECIBÍA EL OSCAR HONORÍFICO ("EN SEÑAL DE RECONOCIMIENTO A UNO DE LOS MAESTROS DE LA NARRACIÓN CINEMATOGRÁFICA") Y, DOS AÑOS DESPUÉS, LO HACÍA MICHELANGELO ANTONIONI EN LA MISMA CATEGORÍA ("EN SEÑAL DE RECONOCIMIENTO A UNO DE LOS MAESTROS DEL ESTILISMO VISUAL") DE MANOS DE JACK NICHOLSON, PROTAGONISTA DE UNA DE SUS MEJORES PELÍCULAS, EL REPORTERO (1974). LA CONCESIÓN DE ESTE PREMIO ES MÁS QUE DESTACABLE TENIENDO EN CUENTA QUE LA METRO-GOLDWYN-MAYER PERDIÓ UNA GRAN CANTIDAD DE DINERO CON LA PRODUCCIÓN DE ZABRISKIE POINT (1970), DEL MISMO DIRECTOR. SEGÚN EL CRÍTICO ROLAND BARTHES, ÉL DETECTA TRES VIRTUDES EN ANTONIONI, EN EL SENTIDO LATINO ORIGINAL DE FUERZAS O PODERES, VIRTUDES ÚNICAS DEL ARTISTA AUTÉNTICO: "OBSERVACIÓN, JUICIO Y [...] FRAGILIDAD". SEGÚN BARTHES, ANTONIONI, UN MODERNO EMPEDERNIDO A LO LARGO DE TODA SU CARRERA, SE OPUSO CATEGÓRICAMENTE A LOS VALORES ANTICUADOS, SOBRE TODO A LOS RELACIONADOS CON LA EXPERIENCIA PERSONAL ( Y NO POLÍTICA O HISTÓRICA).