UN DÍA DE 1946, LOS TRABAJADORES DE UNA EMISORA DE RADIO DE LA CIUDAD POLACA DE CRACOVIA SE LAS TUVIERON QUE VER CON UN ADOLESCENTE INQUISITIVO TAN MENUDO QUE NO APARENTABA TENER MÁS DE SIETE AÑOS. UNA DE LAS TRABAJADORAS, LA ESCENÓGRAFA COMUNISTA MARIA BILLIZANKA, LE PREGUNTÓ ACERCA DE SUS INTERESES COMO SI DIERA COBA A UN NIÑO PEQUEÑO. ENTONCES AVERIGUÓ QUE NO SOLO TENÍA TRECE AÑOS, SINO QUE ADEMÁS ERA UN JOVEN SEGURO DE SÍ MISMO E INTELIGENTE. EL MUCHACHO LE DIJO QUE LOS CHICOS CON LOS QUE TRABAJABA EN LAS EMISIONES RADIOFÓNICAS PARECÍAN FALSOS. ELLA LE RETÓ A QUE LO HICIERA MEJOR ALLÍ MISMO Y EN AQUEL PRECISO MOMENTO. EL CHICO IMPROVISÓ UNA ACTUACIÓN QUE HABÍA PERFECCIONADO DURANTE SU ESTANCIA EN EL CAMPAMENTO DE VERANO. SE TRATABA DEL MONÓLOGO DE UN ANCIANO DECLAMADO CON UN GENUINO ACENTO RURAL. LOS CAMBIOS DEL REGISTRO DE VOZ Y EL LENGUAJE CORPORAL QUE HABÍA APRENDIDO DE FORMA AUTODIDACTA TRANSMITÍAN TANTA TRANQUILIDAD Y SEGURIDAD QUE BILLIZANKA LE OFRECIÓ UN TRABAJÓ DE INMEDIATO.